“ No es posible conservar siempre en el corazón una víbora que nos devora, y levantarse cada noche para sembrar espinas en el jardín del alma”
Oscar Wilde
Después de tomar un saludable jugo de naranja con zanahoria y cola granulada, absolutamente natural. que venden en un quiosco con sombrilla de alegres colores, al lado de la ciclo ruta y en medio de las vacas, tiernos animales; me desplace con mi leal bicicleta a un acogedor sendero rodeado de frondosos árboles de ramas largas y bajas que dificultan el paso, las cuales expedían un delicioso aroma de campo. Todo lo anterior se visualizaba ante mi como un pequeño jardín, con bancos de madera a los lados, nada más propicio para el placer de leer . Una vez acomodado en medio de la naturaleza y bajo un sol tibio y un cielo azul renovado, leo con pasión el libro de dolor y poesía en prosa de Oscar Wilde : De profundis. Una narración maravillosa autobiográfica de su estadía en la cárcel, pagando una pena por su inclinación homosexual, en la más grande de las soledades y repudio social. En la quiebra, juzgado por una sociedad pacata, fervorosamente conservadora de la era victoriana, abandonado y despreciado por su gran amor y separado de sus hijos, pero con la esperanza nunca abandonada de redimirse. De ahí extraigo la frase que encabeza este escrito. Los mayores males que recibe uno, lo más terribles se los inflige uno mismo, no la sociedad y el mundo. Ni la Religión, ni la moral, ni la razón, puede levantarnos del abismo, todo tiene que salir de nosotros mismos. El dolor corporal, las necesidades materiales, la incomprensión deben ser estímulos para nuestro fortalecimiento espiritual. Todo jardín tiene espinas, insectos, larvas, pero cada uno tiene su función, contribuir a que nazca la flor, con todos sus colores, aromas y texturas símbolo de belleza. Nuestra alma es un jardín, sembrado con dolor y amor.
Al reiniciar el camino, tropecé con una piedra y caí, era una caída más que asumir, un pequeño dolor para ignorar y muchas ganas de seguir.
Jairo Munévar
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